¿Por qué sentimos que nunca nos alcanza el tiempo? La ansiedad de vivir siempre apurados

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- *Por Silvina Zecler (MN. 46424) psicóloga, especialista en psicoanálisis El reloj avanza al mismo ritmo para todos, pero no todos vivimos el tiempo de...
*Por Silvina Zecler (MN. 46424) psicóloga, especialista en psicoanálisis
El reloj avanza al mismo ritmo para todos, pero no todos vivimos el tiempo de la misma manera. Desde la psicología, la experiencia del tiempo es subjetiva y está atravesada por las emociones, las expectativas, los recuerdos y la historia de cada persona. Por eso, más que aprender a administrar cada minuto, muchas veces el verdadero desafío consiste en revisar cómo habitamos esos momentos, qué lugar ocupan nuestras prioridades y cuánto espacio dejamos para aquello que también deseamos.
¿Por qué sentimos que nunca alcanza el tiempo?
La vida cotidiana, especialmente en las grandes ciudades, está atravesada por múltiples obligaciones. El trabajo, las tareas domésticas, las actividades de los hijos y las rutinas extraescolares hacen que las jornadas sean cada vez más extensas y exigentes, pero la sensación de que el tiempo nunca alcanza no depende solamente de la cantidad de cosas que tenemos para hacer. Es una experiencia subjetiva que está atravesada por múltiples variables y también por la historia particular de cada persona.
A esto se suma un fenómeno que las redes sociales hicieron todavía más visible: la comparación con otras vidas. Vemos personas que trabajan, entrenan, viajan, leen, cocinan y, además, parecen disfrutar de todo. Esa exposición permanente puede instalar la idea de que siempre estamos haciendo menos de lo que deberíamos o que existe una manera ideal de aprovechar el día a la que no estamos llegando. Cuando las expectativas se vuelven difíciles de satisfacer, pueden aparecer frustración, envidia, enojo y malestar. Por eso es importante trabajar sobre las posibilidades y las realidades de cada persona, especialmente en niños y adolescentes, que pueden ser más vulnerables frente a estas presiones.
¿Qué consecuencias tiene vivir con la sensación permanente de llegar tarde a todo?
Vivir apurados puede tener consecuencias tanto físicas como emocionales. Una de las más frecuentes es la dificultad para disfrutar de aquello que estamos haciendo, porque mientras realizamos una actividad nuestra cabeza ya está anticipando la siguiente. Esa sensación permanente de urgencia puede aumentar el estrés, dificultar la concentración y hacer que incluso los momentos agradables pierdan calidad.
La percepción del tiempo es singular, pero el imperativo de tener que “aprovechar” cada momento parece haberse vuelto generalizado. Hay una diferencia importante entre sentir que llegamos tarde a determinadas situaciones y experimentar que nunca llegamos a nada. Esta última sensación puede resultar especialmente problemática para el bienestar emocional, porque instala una percepción permanente de insuficiencia: hagamos lo que hagamos, siempre parece faltar algo.
¿La ansiedad por “no aprovechar el tiempo” está creciendo?
Sí, y una de las expresiones más claras aparece en nuestra relación con el tiempo libre y el ocio. Muchas personas sienten que también deben “rendir” durante esos momentos: aprender un idioma, hacer un curso, entrenar, leer el libro del momento o mirar la serie de la que todos hablan. Descansar parece haber dejado de ser suficiente y, en algunos casos, hasta el tiempo destinado a descansar se transforma en una oportunidad que deberíamos aprovechar de alguna manera.
El problema se profundiza porque vivimos rodeados de estímulos externos que favorecen la hiperconexión. La tecnología permite acceder permanentemente a información, entretenimiento y nuevas propuestas, pero también puede generar la sensación de que siempre hay algo más que deberíamos estar haciendo. En ese contexto, simplemente no hacer nada puede resultar incómodo.
¿Qué es la “culpa por descansar”?
El sentimiento de culpa tiene características particulares en cada individuo, pero para muchas personas el descanso se asocia con perder el tiempo o con no estar haciendo algo suficientemente útil. Cuando esto aparece en la consulta, es importante poder preguntarse qué significa realmente parar, reflexionar o simplemente estar, porque detrás de la dificultad para detenerse pueden aparecer angustia, miedo o frustración que quedan ocultos detrás de la idea de que “no tenemos tiempo”.
El descanso y el tiempo de calidad con nosotros mismos y con nuestros seres queridos son fundamentales para cuidar la salud mental. No todo momento tiene que tener un objetivo productivo ni todo aquello que hacemos necesita justificar su utilidad.
¿Es normal sentir frustración por no terminar una serie, un libro o un curso?
No lo plantearía en términos de normalidad. Es comprensible que no terminar algo pueda generar cierto grado de frustración, pero el problema aparece cuando todo empieza a vivirse como una carrera. Hoy existe una oferta enorme de contenidos y actividades y podemos sentir que deberíamos estar al día con todo: leer todos los libros importantes, ver todas las series de las que se habla o completar todos los cursos que podrían servirnos.
Sin embargo, es imposible abarcarlo todo. Uno de los trabajos importantes en la consulta consiste justamente en aceptar que siempre habrá cosas pendientes, proyectos que quedarán inconclusos o situaciones que se resolverán de una manera diferente a la que habíamos planeado. Poder aceptar ese límite ayuda a bajar los niveles de ansiedad. Suelo utilizar mucho una frase que resume esta idea: “Mejor hecho que perfecto”.
¿Por qué muchas personas transforman hasta el ocio en una obligación?
Porque incorporamos la lógica del rendimiento a prácticamente todos los aspectos de la vida, incluso al tiempo libre. En lugar de preguntarnos qué nos da placer, muchas veces nos preguntamos qué nos conviene, qué deberíamos hacer o qué podríamos aprovechar. De esa manera, el ocio deja de ser necesariamente un espacio de disfrute y puede convertirse en una tarea más dentro de una agenda que ya está demasiado cargada.
Recuperar el sentido del ocio implica también permitirnos hacer cosas sin una finalidad concreta, sin convertir cada actividad en una inversión para el futuro y sin sentir que debemos obtener algo a cambio de cada hora que tenemos disponible.
¿Cómo afecta a la salud esta sensación de no tener tiempo?
La sensación permanente de que el tiempo no alcanza puede contribuir al estrés sostenido, la ansiedad, la irritabilidad, las dificultades para dormir y una sensación constante de insatisfacción. Paradójicamente, cuanto más intentamos aprovechar cada minuto, menos presentes podemos estar en aquello que hacemos y menor puede ser nuestra capacidad de disfrutarlo.
El desafío, entonces, no necesariamente consiste en hacer más cosas, sino en poder elegir cuáles realmente valen nuestro tiempo. Aceptar que no podemos llegar a todo, que algunas cosas quedarán pendientes y que descansar también es una necesidad puede ser una manera de recuperar una relación más saludable con el tiempo y, sobre todo, con nuestras propias expectativas.