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    • Fiordo y un jurado dividido: Mungiu conquista Cannes y Neon extiende su reinado

    • Autor: Staff CQAP
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    • Cristian Mungiu ganó su segunda Palma de Oro en Cannes con Fiordo; la ceremonia premió mayoritariamente a cine europeo y prolongó la racha ganadora de Neon.

    • En la noche en que el Festival de Cannes volvió a colocar el foco sobre películas que interrogan el vínculo entre lo personal y lo institucional, el director rumano Cristian Mungiu recogió la Palma de Oro por Fiordo, su segundo máximo galardón en el festival. Protagonizada por Sebastian Stan y Renate Reinsve, la película, ambientada fuera de su país natal, narra el drama de una familia rumana de cristianos evangélicos que choca con el sistema social noruego en un caso que apunta a un abuso infantil; fue, según la crónica crítica, uno de los títulos más debatidos de la competición.

      La decisión convirtió a Mungiu en el décimo cineasta en conseguir la Palma de Oro por segunda vez, 19 años después de su primer triunfo con 4 meses, 3 semanas y 2 días. El jurado, presidido por el cineasta surcoreano Park Chan-wook, optó por una película que dividió a la crítica tanto por sus méritos artísticos como por sus implicaciones sociopolíticas, pero que logró imponerse en la votación final.

      Con la modestia que le es característica, Mungiu aceptó el premio recordando la provisionalidad del veredicto: "Todos los premios son contextuales", dijo, y añadió que solo el tiempo dirá qué filmes perduran. Antes de la ceremonia, un crítico la había descrito como "un magnífico drama sobre el orden sistémico y el desorden individual [que] encaja a la perfección con su obra inquisitiva y vibrante", elogiando además las "interpretaciones mesuradas y contenidas" de sus intérpretes.

      El galardón constituyó asimismo un logro para la distribuidora estadounidense Neon, que amplió a siete años consecutivos su presencia en la Palma de Oro, una racha iniciada en 2019.

      La velada ofreció sorpresas y equilibrios: el ruso exiliado Andrey Zvyagintsev se llevó el Gran Premio por Minotauro, mientras que el premio a Mejor Director quedó empatado entre Pawel Pawlikowski, por Fatherland, y el dúo español Javier Calvo y Javier Ambrossi por The Black Ball. Pawlikowski, en su discurso, reclamó una mirada matizada sobre la política en el cine: "Vivimos y respiramos política, y el cine debería reflejarlo, pero no en los términos dictados por políticos y activistas: se necesita valor para resistir a dictadores y matones, pero también se necesita valor para resistir el ruido, los algoritmos y la presión de grupo". Los Javis, por su parte, invocaron la memoria y la libertad queer: "La única manera de honrar el sufrimiento, el silencio, la muerte de las personas LGBTQ que nos precedieron, es asegurarnos de que la próxima generación tenga la misma libertad o incluso más".

      Los premios individuales destacaron por empates y reconocimientos compartidos: Virginie Efira y Tao Okamoto recibieron el premio a Mejor Actriz, y Valentin Campagne y Emmanuel Macchia compartieron el de Mejor Actor. En un festival de tono mayoritariamente europeo, la Cámara de Oro sorprendió con la victoria de la cineasta ruandesa Marie Clémentine Dusabejambo por Ben'Imana. En conjunto, los galardones de la edición subrayaron, según la propia programación, el cine como fenómeno global y exploratorio, con títulos que abordan desplazamientos y conexiones entre cinematografías.