El Refugio de los Incendios: Una Tarde con Julieta Strasberg
- Autor: Analia Pinto
En una charla íntima que navegó entre la rigidez del derecho y la libertad del lenguaje, la abogada y escritora Julieta Strasberg visitó el estudio de Radio Cultura para presentar su obra Umbrales de fuego. Lejos de los tecnicismos legales, la mediadora nos sumergió en una travesía por su "nostalgia productiva", revelando cómo la soledad de la infancia y la herencia de las grandes poetas universales dieron forma a una voz que busca, ante todo, la transformación a través de la palabra.
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Buenos Aires tiene esa costumbre de la contradicción: amaneció bajo una lluvia persistente, de esas que lavan las veredas de Liniers, para luego abrirse en un sol porteño que encandila. En ese marco de claroscuros, Paula Greco y yo nos preparamos para recibir en el estudio de VeMe a una mujer que parece haber sido esculpida por sus propias palabras.
Cuando Julieta Strasberg entra al estudio, no trae solo su libro, Umbrales de fuego; trae consigo una presencia que parece habitar varios mundos a la vez. Julieta es abogada de día y guardiana de portales de noche. Es una síntesis fascinante: la rigidez de la ley y la fluidez de la danza; la estructura de la mediación y el caos controlado de la pintura.
La Geografía de una Espera
Mientras nos acomodábamos frente a los micrófonos, Julieta nos llevó de la mano a su infancia. No fue una charla de escritorio, fue un viaje. Nos contó cómo, de niña, aprendió a convertir el aburrimiento en su mayor activo. En los livings de vecinos, mientras esperaba el micro escolar, Julieta descubrió que podía "jugar adentro".
"Cerraba los ojos y retomaba las historias donde las había dejado",
nos confesó con una sonrisa que aún guarda algo de esa pequeña niña solitaria.
Esa capacidad de habitar los precipicios de la naturaleza humana es lo que hoy define su obra. Ella no solo escribe relatos; construye puentes hacia esos espacios donde el deseo deja de ser una abstracción para volverse carne.
Entre Códigos y Versos
Hubo un momento de la entrevista que nos dejó a todos en silencio. Paula le preguntó por la abogacía, buscando ese punto de quiebre donde una mediadora decide volverse poeta. Julieta recordó a un profesor de la UBA que, en tercer año, le sugirió que si buscaba justicia, se hiciera asistente social. Ella, lejos de rendirse, integró la sensibilidad artística en el frío sistema judicial.
Para Julieta, la justicia y el arte no son líneas paralelas que nunca se tocan; son, más bien, una forma de entender la naturaleza humana. "Si hay algo que necesita el derecho es creatividad", nos dijo, y en ese instante comprendimos que su labor como mediadora es, en sí misma, una obra de arte: el arte de mediar entre el incendio y la calma.
El Ritual de la Palabra
Hacia el final, el estudio se transformó. Julieta leyó Faldoncitos. Su voz, entrenada en el canto y la declamación desde los años de jardín de infantes, llenó el espacio de texturas. Habló de la piel de su abuela, de esa "cronosombra" que nos persigue y nos hereda arrugas antes de tiempo.
Nos regaló incluso una receta de su padre, un salteado de berenjenas que suena a refugio y a memoria. Porque así es Julieta: te puede hablar de la tragedia de Pizarnik y, en la frase siguiente, enseñarte a cortar verduras en juliana para salvarte una noche de soledad.
Al despedirla, sentimos que el programa no había sido una simple entrevista. Habíamos cruzado un umbral. Julieta Strasberg se fue como llegó, entre las sombras y las luces de la ciudad, dejándonos con la certeza de que el arte no está para darnos respuestas, sino para obligarnos a hacernos las preguntas correctas mientras atravesamos el fuego.
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