Antes de empezar a entrenar: por qué un chequeo médico puede salvar vidas

- Autor: Staff CQAP
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Un chequeo médico antes de comenzar o intensificar el ejercicio detecta enfermedades cardiovasculares silentes y ayuda a prevenir eventos cardíacos inesperados.
Buenos Aires, abril de 2026. El ejercicio regular es un pilar de la prevención: reduce riesgo de enfermedades crónicas, mejora la salud mental y prolonga la expectativa de vida. Sin embargo, según especialistas en cardiología, un paso esencial queda muchas veces postergado: la consulta y evaluación médica previa a iniciar o intensificar una rutina.
Ese examen, conocido como apto médico, no es patrimonio del deporte de alto rendimiento. Debe entenderse como una herramienta preventiva para cualquier persona que modifique su nivel de actividad física, independiente de su condición aparente. En un contexto en que la inactividad física se asocia a cinco millones de muertes por año y más del 31% de la población adulta no alcanza los niveles recomendados de actividad, promover ejercicio seguro cobra urgencia.
La otra cara es menos visible: en pacientes con enfermedades cardiovasculares no diagnosticadas, la actividad puede desencadenar eventos graves. En palabras de Pablo Ottonello (MN 123.413), médico cardiólogo y Scientific Advisor Cardiovascular de Bristol Myers Squibb Argentina, "Muchas veces no hay señales claras. Personas aparentemente sanas pueden tener una condición cardíaca no diagnosticada, y el ejercicio puede ser el primer momento en que se manifiesta".
La evaluación cardiovascular previa ofrece una oportunidad de detección temprana. Según el texto, puede incluir historia clínica y antecedentes familiares, electrocardiograma, ecocardiograma (con maniobras como Valsalva), prueba de esfuerzo, resonancia magnética o tomografía cardíaca, y estudios genéticos cuando existe sospecha de enfermedad hereditaria.
Entre las condiciones silenciosas, la miocardiopatía hipertrófica (MCH) merece atención: es una enfermedad genética caracterizada por el engrosamiento anormal del músculo cardíaco y figura entre las principales causas de muerte súbita en menores de 35 años, sobre todo en actividad física intensa. Se estima que afecta a 1 de cada 500 personas, aunque investigaciones recientes sugieren una prevalencia mayor, hasta 1 en 200 por el alto subdiagnóstico. En Argentina, cerca de 92.000 personas viven con MCH dentro de un universo de 138.000 afectados por distintas miocardiopatías, y entre el 80% y el 90% de los casos nunca son detectados clínicamente.
Los síntomas más frecuentes —palpitaciones, falta de aire, dolor en el pecho, mareos, fatiga o desmayos— suelen confundirse con molestias habituales del ejercicio, lo que retrasa el diagnóstico. Pero detectar una enfermedad no implica necesariamente abandonar la actividad física. Como recuerda Ottonello, "La detección de una enfermedad cardíaca puede hacer creer que no podremos realizar más actividad física, pero no es así en gran parte de los casos. De hecho, está demostrado científicamente que realizar ejercicio en forma saludable y adaptada a la medida del cuadro de cada paciente puede impactar positivamente en su salud cardiovascular".
Promover la actividad física sigue siendo un objetivo de salud pública, pero hacerlo con información y evaluación médica previa puede marcar la diferencia entre entrenar con seguridad o enfrentar un evento inesperado.