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    • El país en movimiento que aprende a alimentarse: el nuevo desafío de la actividad física en Argentina

    • Autor: Staff CQAP
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    • El auge del ejercicio en Argentina expone una brecha: muchos entrenan sin guía nutricional, con riesgos para rendimiento, recuperación y salud a largo plazo.

    • Buenos Aires, marzo de 2026. Argentina corre, pedalea, nada y entrena más que nunca: la Encuesta Nacional de Actividad Física y Deporte registra que el 55% de la población mayor de 18 años practica actividad física de manera regular. Running, trekking, ciclismo y propuestas indoor como entrenamiento funcional o CrossFit ya forman parte de la cotidianeidad.

      Pero el movimiento creciente trae consigo un reto menos visible. Especialistas señalan que entrenar no siempre equivale a estar sano: muchas personas sostienen rutinas exigentes sin un acompañamiento nutricional acorde, con impacto en el rendimiento, la recuperación y la salud a mediano y largo plazo.

      En ese escenario, Belén Martínez, especialista en Nutrición Deportiva y directora de la Licenciatura en Nutrición de UFLO Universidad, enfatiza la necesidad de individualizar planes: "para que una alimentación deportiva sea adecuada debe ser, primero que nada, individualizada. Tiene que contemplar el tiempo que la persona lleva entrenando, su experiencia previa, sus hábitos, su rutina laboral o académica y el contexto en el que vive", y añade que "La alimentación debe adaptarse a la rutina del deportista y no a la inversa".

      Martínez precisa diferencias esenciales entre comer sano y comer para entrenar: "Comer sano y comer para entrenar no son conceptos opuestos, pero sí implican ajustes específicos". En personas activas aumentan la masa muscular y la demanda metabólica, por lo que la proporción de carbohidratos, la cantidad de proteínas y la calidad de las grasas deben planificarse en cantidad, tipo y momento de consumo.

      La noción de Seguridad Alimentaria y Nutrición (SOFI) se amplía en este contexto: no basta con acceso a alimentos, importa su calidad y adecuación funcional. La malnutrición puede ser silenciosa en poblaciones activas: deficiencias de hierro, calcio o sodio, baja disponibilidad energética o pérdida de masa muscular que se traducen en menor rendimiento.

      Las condiciones geográficas del país complican la ecuación. Desde el litoral hasta la puna, pasando por la Patagonia y la Cordillera, cada región modifica pérdidas de líquidos y electrolitos. En palabras de la directora: "Los climas extremos, ya sea por calor o por la sequedad del ambiente, pueden generar la falsa sensación de que no se está sudando tanto, cuando en realidad existen pérdidas perceptibles e imperceptibles de líquidos". La hidratación con agua sin reposición de sales y el entrenamiento en ayunas aparecen como prácticas de riesgo.

      Finalmente, Martínez advierte sobre el uso indiscriminado de suplementos: "Los suplementos son la punta de una pirámide que necesita bases sólidas". Solo sobre una alimentación diaria adecuada, y evaluando necesidad y seguridad, suplementos con respaldo científico —proteínas, creatina o bebidas con electrolitos— pueden ser recursos válidos. El desafío es transformar el auge del ejercicio en bienestar real y sostenido mediante la planificación nutricional.