La ciudad como mandala: entre la tinta y el algoritmo en La ciudad de la furia
- Autor: Staff CQAP
En VeMe, Víctor Beckelmann y Mariel Ross confrontan inteligencia artificial y tinta sobre papel para resignificar Buenos Aires en la muestra La ciudad de la furia.
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El estudio de VeMe se convirtió por unas horas en un estudio de mapas interiores. Desde la apertura, Analía Pinto, la conductora marcó el pulso estético de la tarde con una sentencia que funcionó como consigna: "la realidad es opcional, pero la estética es obligatoria".
Ese juego entre apariencia y fondo fue el hilo que trenzó la conversación con Víctor Beckelmann, artista visual paraguayo, y Mariel Ros, ilustradora y muralista argentina, convocados para hablar de La ciudad de la furia, muestra que ocupa el corazón de San Telmo.
Lo que trajeron los invitados fue menos una explicación técnica que una forma de ver. Beckelmann define su práctica como una deconstrucción de la ciudad: fotografía intervenida, inteligencia artificial y realidad aumentada para convertir el caos porteño en patrones y simetrías que funcionan como mandalas contemporáneos. En sus palabras, ante la pregunta sobre la tecnología aplicada al arte planteó: "¿Qué pasa cuando una tecnología no reemplaza la mirada, sino que la amplifica?", y explicó cómo sus series —puertas que se abren a historias en Instagram, un "poncho porteño" que reordena iconografías— buscan ofrecer portales hacia otras narrativas.
Frente a esa búsqueda digital, Ross defendió la paciencia del trazo: su trabajo en tinta sobre papel es un archivo de memoria, un mecanismo de duelo y de reparación. Contó cómo el dibujo la salvó tras la muerte de su padre y de su tío y cómo volver a caminar Buenos Aires la llevó a dibujar calles que contienen recuerdos. "El dibujo... me obliga a estar en el momento", recordó, y así reveló que sus fachadas son a la vez mapa emocional y ofrenda íntima, con pequeñas licencias —ventanitas, horas en relojes— que funcionan como guiños personales.
La muestra, curada por Andy Benegas y montada en el Hotel Vilaró, cercano al mercado de San Telmo, articuló esos dos gestos: la ciudad entendida como patrimonio sensible y la ciudad entendida como materia susceptible de reescritura digital. La mesa de VeMe no fue neutral: el diálogo derivó en una defensa de la memoria urbana, en la denuncia contra demoliciones que arrasan identidad y en la idea de que la obra puede ser tanto espejo como rescate. Beckelmann apuntó, imágenes en mano, a episodios y símbolos paraguayos —el ao po'i, las tramas textiles— que filtran su mirada y la conectan con Buenos Aires; Ross, por su parte, tradujo su dolor en calles de San Telmo y en la necesidad de resignificar lo propio.
Entre anécdotas surgieron otros rostros de la cultura: la receta familiar del bori bori, contada por Beckelmann con la familiaridad de quien cocina invierno y territorio, y la insistente pregunta sobre el lugar de la mujer en el arte que Ross reconoció como una zona de resistencia y reivindicación. También hubo reflexión sobre herramientas: la realidad aumentada como experiencia lúdica y crítica, y la constatación de que, aunque la IA sea un recurso, su uso requiere la decisión del artista.
Al cierre, cuando la despedida retomó el tono cálido del programa, Beckelmann dejó una expresión en guaraní que condensó la intención del encuentro: "Che mo Piri ... Me da tu piel de gallina". La frase sonó como una invitación: la ciudad provoca, hiere y conmueve; los artistas la reinterpretan para que volvamos a mirarla con ganas de reparar, recordar y, acaso, de abrir nuevas puertas.
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