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    • Michel Rolland: El hombre que llegó desde Francia… y dejó su huella en nuestra tierra

    • Autor: Staff CQAP
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    • Falleció en Burdeos a los 78 años Michel Rolland, figura central de la enología mundial y protagonista de la revolución del vino argentino. Su mirada, atravesada por el savoir-faire francés, fue decisiva para revalorizar el Malbec y proyectarlo al mundo, dejando un legado que aún define la identidad vitivinícola del país.

    • Hay amores que no se explican. Se reconocen. A mí me pasó con Francia.

      Desde chica, sin razones concretas, sin mapas ni genealogías que lo justificaran, Francia fue una referencia. Su historia, su cine, sus pensadores… y, claro, su gastronomía. Ese universo donde el hacer no es solo técnica, sino identidad. Donde el savoir-faire —ese saber hacer transmitido de generación en generación— transforma lo cotidiano en cultura.

      Ahí entendí que el vino no era solo una bebida. Era cultura, territorio, respeto.


      Y en ese recorrido apareció Michel Rolland.

      Primero en las lecturas, en las referencias inevitables cuando se habla de la evolución del vino a nivel global. Después, en la experiencia concreta: catas, ferias, encuentros donde el vino deja de ser discurso y se vuelve presencia.


      Rolland era de esos nombres que no necesitan presentación, pero sí escucha. Siempre rodeado, siempre consultado, con una claridad que no distinguía entre niveles de conocimiento: respondía con la misma precisión a la curiosidad inicial que a la pregunta técnica más exigente.


      Sin grandilocuencias. Sin concesiones. Porque la verdadera autoridad no se impone: se ejerce.


      Lo crucé en distintos contextos, en intercambios breves pero sustanciales. En esos momentos donde el tiempo es limitado, pero alcanza para entender quién está del otro lado. No hizo falta más para confirmar lo que su trayectoria ya decía: conocimiento, experiencia y una manera directa de compartirlo.


      Los argentinos tenemos el privilegio de la tierra. Pero fue esa mirada —formada en la tradición francesa, en el respeto por el terroir y en la precisión del oficio— la que ayudó a potenciar lo que estaba. A leer mejor el viñedo. A entender que el Malbec no era un problema, sino una posibilidad.


      En ese cruce entre naturaleza y saber hacer, Michel Rolland fue una figura decisiva. No solo por lo que hizo, sino por el momento en que lo hizo.


      Con su partida, queda algo claro: su legado no es solo técnico. Es parte de una transformación más profunda, de una forma de entender el vino que ya es propia de la Argentina.


      Y eso permanece.

      Hoy su nombre ya es parte del paisaje. 

      Salud.