Enredados -Tangled- y La princesa y el sapo ?The princess and the frog- fueron los títulos con que la Disney, sin la sociedad creativa con Pixar, intentó cautivar al público menudo sin apelar al terreno exclusivo de la animación digital en el caso de La princesa... y recurriendo a las bondades del 3D en el caso de Enredados.
Con este nuevo intento, que amalgama conceptualmente hablando la filosofía y frescura de un dibujo animado acompañado para explotar desde lo creativo con las posibilidades visuales que en manos de personas capaces se vuelve prácticamente infinita, los estudios del ratón más famoso del mundo alcanzan la cima tan buscada y esperada con Ralph, el demoledor -Wreck - It Ralph-.
La película dirigida por el debutante Rich Moore, escrita por Jennifer Lee, Phil Johnston y que cuenta con la producción ejecutiva de una de las personas más interesantes de Pixar, John Lassetter, tiene la virtud de la amplitud del público, construyendo varias capas narrativas que permiten lecturas enriquecedoras y yuxtapuestas desde lo macro a lo micro, pasando por cada personaje relevante y su dimensión dramática.
No es descabellado encontrar en el armado de este particular universo de videojuegos y su lógica interna un remedo o aplicación de las leyes ya utilizadas para Toy story o Monsters inc, es decir el mundo detrás de la realidad que es paralelo a la misma realidad pero poco perceptible para el humano, no así para sus habitantes expuestos a los códigos y las reglas del mundo humano, donde por ejemplo lo obsoleto o lo dañado no se repara sino que se desecha.
Esa es la premisa y conflicto que atraviesa la trama, protagonizada por un tierno villano, actor secundario para una consola ya vetusta pero que todavía se mantiene activa en una casa de arcades junto a juegos mucho más sofisticados desde el punto de vista gráfico y tecnológico pero que seduce desde su perfume a nostalgia a algunos de los concurrentes. Durante el tiempo que dura una ficha en la acción del juego Fix-It Felix, Ralph ?voz original de John C. Reilly- tiene por misión romper la estructura de un edificio al que el héroe Felix ? voz de Jack Mcbryer- repara con un martillo mágico para culminar con el villano que termina siendo arrojado desde la terraza del edificio por los propios propietarios.
Sin embargo, cuando acaba el juego, el protagonista se queda solo y vive en un basurero, mientras que sus compañeros lo hacen en la comodidad del condominio y en la acogedora familia.
El detonante ocurre en el 30 aniversario de la consola donde Ralph no tiene ni siquiera cabida y además no puede despojarse del prejuicio que representa su aspecto de gigante destrozón por lo que decide modificar su destino en una aventura de autoconocimiento y superación, donde entablará amistad con Venellope ?voz de Sarah Silverman-, una pequeña a quien descubre accidentalmente al quedar atrapado en Sugar Rush tras una pequeña peripecia por la consola ultra violenta Hero´s Duty en busca de la medalla del valor.
De la primera travesía por el apocalíptico escenario plagado de insectos asesinos y bajo las órdenes de una militar con muy pocas pulgas al mundo colorido y completamente acaramelado que se concentra en la carrera de autos construidos en base a caramelos y dulces, la trama acopia humor, ideas de diseño visual alucinantes, en las que el 3D se emplea con inteligencia y economía de recursos para realzar la profundidad de campo, pero además desarrolla rigurosamente a los personajes entre los que se destaca Venellope por contar con la característica de una falla en su código de programación que le vale la segregación por parte del grupo y la discriminación por venir defectuosa y querer integrarse como corredora de esa famosa y vertiginosa carrera.
La importancia reside en esta ocasión en un mensaje para los más pequeños relacionado con la tolerancia y con la diversidad para que cada personaje, sea villano o no, tenga su lugar pero sobre todas las cosas valore su esencia porque allí se encuentra el verdadero tesoro y la autenticidad.
El aprendizaje que experimenta Ralph es tan significativo como la mirada respetuosa de los creadores hacia el pasado; hacia lo retro con el consabido reencuentro con la ingenuidad y la magia de ese mundo de los videojuegos antes de ser cooptados por la nerviosa interacción, por un sentido de la competencia atroz y por la exacerbación de la individualidad y la fiebre por romper marcas de puntaje aniquilando todo lo que se cruza frente a los ojos.
El nuevo desafío de Disney a partir de este gran paso en lo que a película de animación infantil se refiere es seguir apostando a las buenas ideas más que a la técnica para llevarlas a buen puerto porque en términos formales resulta pedante exigir más a la animación digital, pero al mismo tiempo necesario para que ese maravilloso puente de la imaginación no se acorte en especulaciones comerciales, repetición de fórmulas sin sustancia y sirva de pasaje creativo hacia nuevos y ricos universos como este que puede disfrutarse desde el primer al último minuto.