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    • Entrevista a Fernando Locatelli, director de Facfolc

    • Autor: Rodolfo Weisskirch
      Última Actualización: 2016-07-27 - 12:52:00
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    • Facfolc es un intenso drama que exhibe tres caras de la Guerra de Malvinas y la última dictadura militar a través de un único personaje.
    • Fernando Locatelli, dramaturgo, director y docente de teatro inaugura Kowalski. Club de Cultura con un texto de su propia autoría: Facfolc, la vida de un muchacho, Antonio, durante el proceso militar, la previa al viaje y la guerra en Malvinas. Cristian Aguirre, Guido Díaz y Guillermo Mac Donell, interpretan a Antonio, en una apuesta riesgosa no lineal, donde el factor humano tiene más peso que el dato histórico. “Hay tantos Antonios como muertos en las islas y en el continente a través de los años”, afirma Locatelli.

      ¿Cómo comenzó Facfolc?

      Este proyecto nació de un lapsus increíble. Bastante tiempo antes de ponerme a escribir, dos de los cuatro actores de Facfolc, me habían propuesto escribir sobre Malvinas. Pasó el tiempo y lo borré absolutamente de mi cabeza. Cuando me puse a escribir sobre el tema, ni yo entendía bien por qué me había metido en esa zona. Bien, luego lo supe. Mi vínculo con Malvinas es relativamente lejano. Es decir, estuve en la plaza de Mayo con trece años, festejando el “...si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla”. Nadie que haya estado ahí, puede sentirse lejano al fenómeno Malvinas. Pero fue de manera bastante indirecta en relación a los ex combatientes, por supuesto. Hice la colimba en 1988. Y todos mis oficiales y suboficiales habían estado en las islas. En lugar de hablar de mujeres, las noches de guardia o imaginaria, borrachos contaban anécdotas personales, muy cercanas en el tiempo. Durísimo. También he estado como muchos, al lado de la radio, escuchando y festejando las caídas de aviones enemigos a través de los comunicados oficiales, como si hubieran sido un gol de una final del mundo. Llevé chocolates y frazadas no sé bien a quién, y no sé bien qué le escribí a quién en una carta tan impersonal como personal.

      ¿Qué te inspiró a utilizar esta estructura narrativa no lineal para contar la historia de Antonio? ¿Qué te posibilita dramatúrgicamente triplicar a Antonio?

      Quería hablar de tres momentos diferentes y tres espacios distintos. La adolescencia del protagonista en plena dictadura, el momento de la citación y la preparación previa a la partida, y las islas propiamente dichas. La narración no lineal fue la gran apuesta estilística. Fue lo que más temor me dio. No quería que por disruptivo no se entendiera, o cueste seguir la historia. Sin embargo funciona. Y lo que se logra es ir y volver constantemente a diferentes épocas, todas ellas nefastas, y conseguimos renovar a cada paso, la trompada que nos propusimos pegar. Triplicar a Antonio genera universalizar el asunto. Hay tantos Antonios como muertos en las islas y en el continente a través de los años.

      Es una obra muy oscura desde la puesta. ¿qué dificultades y posibilidades brinda trabajar de forma minimalista desde lo artístico y técnico?

      La obra se fue minimalizando a través del desarrollo de la investigación. Pedía de a poco ir quitando elementos. Tanto escenográficos, de utilería, de vestuario o recursos técnicos. La apuesta a la actuación pura por un lado, y al mecanismo de narración hallado por otro, es lo que fue apareciendo y lo que la obra me fue pidiendo bajito que profundice. Fue alucinante este proceso. Porque hubo un momento en el que escuché que todo lo que yo creía que le faltaba a la obra, entendido comúnmente como la “mano” del director, no hacía falta. Que iba a sobrar, que iba a funcionar desde un punto de vista efectista, visual, pero que no iba a aportar. Que iba a subrayar lo dicho. Que era pura paja profesional, en todo caso. Alejarme de eso no me fue fácil, pero me satisface mucho haberlo podido percibir a tiempo. Paradójicamente, esa “quita” la considero un crecimiento profesional.

      ¿Cómo fue el proceso de ensayos? ¿Cómo fue la investigación que hicieron con los intérpretes?

      Fue muy relajado. Fue con poca presión, o en todo caso bien manejada por todos. Fuimos de a poco. Teníamos que encontrar entre todos, cómo contar. Fue muy placentero cuando nos dimos cuenta que habíamos dado con el mecanismo. Con la máquina, con el sitio donde se iba a apoyar el texto. Tuvo que ver mucho con la prueba-error. Hasta que dimos. Y eso nos ordenó, por supuesto.

      ¿Qué aporta cada actor en el escenario? ¿Cuánto de cada uno se ve en su mirada de Antonio?

      Aportan el 90% de lo que es Facfolc. En ellos está puesto casi todo. Y han logrado algo que a mí de llena de satisfacción. Algo que yo llamo el colmo de la convención actoral. Logran, por ejemplo entre otras tantas situaciones, que podamos ver a una madre despidiéndose de un hijo, sin trabajar caracterizaciones externas, casi diría ni siquiera internas; no hacen de mujer y son una madre, no se visten de mujer y son una madre en un barrio, a la tardecita despidiéndose, no trabajan una mujer y allí llegan. Y conmueven. Es decir, la trabajan, la crean. Pero no de modo convencional. En este sentido, los engranajes narrativos contribuyen muchísimo. Esta fusión, entre la actuación y esa máquina, es la base estructural de la obra.Creo que Antonio o “Antonios”, fue tomando lentamente a los tres actores. Fueron conociéndolo y acercándose poco a poco a esa terrible y trágica experiencia de nuestra historia a través del recorte elegido desde lo dramatúrgico. Igual, supongo que nunca lograremos entenderlo del todo. Es decir, tenía 18 años, lo obligaron a ir allí y lo mataron peleando: algo que él no sabía hacer. Con frío, mucho frío. Si alguien que no vivió eso, lo entiende cien por ciento, que me lo cuente.

      Facfolc es una obra narrada directamente a público. ¿Qué se busca cuando se interpela al espectador? ¿De qué forma la audiencia se convierte en un espejo social de lo que vemos en el escenario?

      Interpelar de manera bastante provocativa al público fue el propósito inicial. Siempre consideré que no podía hablar de Malvinas livianamente. Siempre trabajé con la imagen de cachetazos o piñas duras. De bombas cayendo. Comenzó con la escritura y continuó en el estilo. Creo que así es como generamos el mecanismo de identificación, en este caso. No fue casual contar la historia haciendo hincapié en los vínculos. Antonio y su madre, y su novia, y su sargento, y su amigo desaparecido. Quiénes lo perdieron a Antonio. A quiénes perdió Antonio. Un Antonio. Hace un tiempo escribí algo sobre el acostumbramiento sobre ciertos términos o conceptos. Los desaparecidos, por ejemplo. El desaparecido. El que lo desaparecieron. Ese que vivió algo mucho más terrible en su cuerpo, en su mente y en su alma que haber sido “desaparecido”. Ese, podría desmenuzar minuto a minuto, desde que en algún momento lo llevaron hasta que le dieron muerte, detalles y experiencias mucho más concretas que un concepto instaurado a través de un término convencional. Entiendo, el lenguaje es eso. Y bueno. Pero Facfolc desmenuza, muestra, cuenta, hace recordar, interpela. Vuelve el tiempo atrás para redimensionar otra vez, para refrescar. Para hacer doler un ratito. Creo que de esa manera se despierta y se toma conciencia. Por lo menos tiene esa intención.

      ¿Pudiste exhibir la obra a veteranos sobrevivientes de la Guerra? ¿Qué repercusión hay de parte del público con respecto a revivir lo que sintieron durante el proceso militar y la guerra?

      No, aún no. Estamos gestionando algo con el Museo Malvinas. Pero aún la obra no confrontó con alguien que haya vivido las islas. El público sale conmocionado y conmovido. Vuelve a esos momentos y sucesos. Son esas cosas del teatro que me siguen pareciendo increíbles. Pero van ahí por un ratito.

      ¿Cómo fue cambiar el tono de tus últimas obras que estaban más cerca de un teatro absurdo, donde el humor era un factor relevante, a la seriedad y tensión que se vive en Facfolc?

      Es cierto que el humor y cierto tipo de absurdo han sido mi lenguaje. Pero también me he metido en zonas de cierta oscuridad en mis obras anteriores. Lo que sí me doy cuenta que me sigue interesando trabajar es en los vínculos personales. En contar relaciones. Naturalezas humanas. No sé nada de eso, pero ensayo.

      ¿Cuáles son tus metas y expectativas con Teatro Kowalski? ¿qué tipo de teatro se va a poder encontrar a futuro?

      Kowalski está creciendo día a día y eso me emociona. Porque mucha gente ayudó a que esto sea lo que está siendo. Le debo mucho a mucha gente que desinteresadamente me ayudó tremendamente. Desde lo económico hasta lo emocional de sostener un sitio, un refugio de cultura inmerso en un barrio, en una ciudad, en un país en el que las políticas culturales están siendo cada día más penosas, más desgarrantes. Desde lo personal, estoy agradeciendo poniendo mucho trabajo y buena energía. Creo que eso se respira en Kowalski. Un lugar que aún es independiente de ese estado anticultura que nos gobierna. No sé qué tipo de teatro veremos. No sé bien qué es un tipo de teatro. Sinceramente estoy empezando a programar un espacio por primera vez en mi vida. Ojalá que sea de ese que moviliza, que modifica, que conmueve, qué se yo...

      ¿Cuáles son tu próximos proyectos como dramaturgo y realizador?

      Por lo pronto estoy por estrenar como actor The Gauchos Americanos, escrita y dirigida por Julián Mesri, en el teatro El Extranjero en agosto. Como realizador y dramaturgo ando ganas de dirigirme y escribirme a mí mismo. Pero no lo voy a hacer.

      Facfolc, un manto de neblina.

      Sábados 22 Hs. Teatro Kowalski. Club de Cultura - Bilingurst 835