En Perú, el Día de los Muertos es una festividad profundamente arraigada que se celebra de manera única y diversa en todo el país. Cada 2 de noviembre, las familias peruanas se congregan en cementerios para rendir homenaje a sus seres queridos a través de tradiciones culturales, música y una deliciosa gastronomía.
En las regiones de Cusco, Puno y la sierra peruana, las familias visitan los cementerios para limpiar y decorar las tumbas con flores, velas y ofrendas. Esta costumbre crea un ambiente espiritual y respetuoso. Además, se preparan las famosas tantawawas, panes dulces en forma de muñecos o niños, adornados con frutos confitados y grageas multicolores.
En la capital, Lima, la celebración del Día de los Muertos tiene un enfoque más festivo. Los cementerios se llenan de música, danzas, comida y bebidas para recordar a los seres queridos. El 31 de octubre, previo a la festividad, se celebra el Día de la Canción Criolla, la música tradicional de la capital, lo que convierte la última semana de octubre y el inicio de noviembre en un período perfecto para disfrutar de las jaranas criollas, fiestas inolvidables donde la voz cantante se acompaña con una guitarra y un cajón.
La comida desempeña un papel crucial en las celebraciones. En el norte del país, en Piura y Lambayeque, se ofrecen dulces especiales llamados "angelitos" para los niños, así como las deliciosas "roscas de muerto" acompañadas de miel. En Lima, el tradicional "turrón de doña Pepa," preparado con mantequilla y miel y decorado con caramelos de colores, es un plato destacado.
Perú, con su diversidad cultural y geográfica, ofrece una celebración conmovedora del Día de los Muertos. Desde las montañas de Cusco y Puno hasta la costa norte y la capital, esta festividad permite que la memoria de los seres queridos cobre vida a través de las tradiciones, la música y la comida.