El viento en un violín la obra que Claudio Tolcachir escribió y dirige vuelve a la cartelera esta vez en el Paseo La Plaza de la calle Corrientes.
En la obra en la que el director reencuentra con su familia teatral luego de La Omisión de la Familia Coleman, una vez más se desentrañan en escena las miserias humanas, mediante la exploración de vínculos entre madres e hijos. El amor que busca un lugar, el amor que desencadena violencia sin límites, con tal de justificar la desesperación por conseguir la felicidad. Todo vale, todo está dicho, y a cualquier precio.
El tema de la maternidad y sus oscuras sombras, capaces de destrozar al otro y asimismo se dan cita.
En la escenografía se destacan cuatro espacios que inventan este escenario donde siempre pasa algo. Cada uno de los espacios está definido por diferentes mobiliarios. Una suntuosa cama matrimonial, un diván clásico de consultorio psicoanalista, una cocina con mesa y sillas junto a una cama mezquina. Por último y en el centro del escenario, un sofá, lugar en el que se desarrollan los conflictos vinculares más duros y crueles que agobian a estas familias cruzadas. Lo justo y lo injusto del amor que los atraviesa.
Uno se pregunta: ¿Por qué El viento en un violín? y puede asociar a cada personaje con un instrumento de viento. Los actores salen a escena, suenan y pasa una corriente de aire, con ellos viene el desarrollo real de obra con escenas tan trágica como patéticas.
El trabajo de los actores es impecable, el valor en los textos, la humanidad en cada gesto, el humor en las situaciones.
Mirian Odorico -Mercedes- brillante madre protectora y obsesionada por su hijo. Con justa exageración y un mecanismo que lleva al límite no solo a su personaje, sino también al espectador.
Lautaro Perotti,-Dario- impecable hijo desorientado e inmaduro que nunca podrá resolver nada.
Inda Lavalle,-Lena- que con cada uno de sus gestos resurge la creatividad teatral. Todos sus sentimientos se ven, se sienten, se escuchan.
Tamara Kiper-Celeste- Con una expresión corporal que define lo ingenuo e inocente del personaje.
Mimi Rodriguez-Dora- Personaje muy bien logrado. Representa la clase social baja que con humildad y comprensión, muestra lo difícil pero posible, que es arreglarse sin dinero.
Gonzalo Ruiz-Santiago- como el psicólogo que ridiculiza al paciente y por ende, a su propia profesión.
Claudio Tolcachir, autor y director de la obra, cuenta esta tragedia desde el lugar del absurdo, y continúa conmoviéndonos con los relatos sobre el amor que espera y desespera, sobre el amor y todas sus formas. El espectador pasa de la ternura a la bronca, de la tristeza a la risa con los actores permitiendo que esto suceda.
El viento en un violín se puede ver en la Sala Pablo Neruda del Paseo la Plaza en Avenida Corrientes 1660 con funciones los Viernes a las 20hs., los sábados a las 22.30hs. y los domingos a las 21.30hs.